
Más de 20 foros participaron del cierre del II Congreso Nacional de Infancia Robada. Alertan a la sociedad “no ser cómplice” con la omisión, para evitar nuevos casos contra los niños.
El 25 de octubre de 2007, Romina Gutiérrez, de 12 años, salió de su casa y tres días después apareció estrangulada, golpeada, con 2,5 puntos de alcohol en sangre y signos de violación. El caso conmovió a la pequeña localidad de Empedrado. Hubo dos detenidos, quienes fueron liberados.
Sin un camino firme en la investigación, la Red de Infancia Robada Corrientes tramita la reapertura de la causa luego de prácticamente seis años de permanecer cerrada.
Esta es una de las caras visibles del horror detrás de la desaparición de niños, flagelo que aborda la organización civil que cuenta con 27 foros en todo el país. Drogas, abuso infantil, trata de personas con fines de explotación sexual y laboral, son algunas de las problemáticas que vinculan a dichas ONG que cooperan en contra de estos flagelos.
Ayer representantes de los distintos foros se reunieron para debatir su realidad en el marco del II Congreso Nacional de la Red Infancia Robada, que tuvo lugar en el salón auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne).
“Estamos ante un problema en el que los más castigados parecen ser los niños de nuestras comunidades”, dijo Ramón, hermano de Romina Gutiérrez, integrante del Foro Corrientes.
“Ese 25 de octubre fue la última vez que vi a mi hermanita. Hubo muchas versiones y realidades que se buscó ocultar”, señaló el joven de 24 años, quien hoy continúa en la lucha por reabrir el juicio tras la aparición de nuevos elementos en la causa vinculados a ritualismos.
“Para Empedrado la muerte de Romina es una estadística más. La realidad es que hay que concientizar a la población. Y cuando hablamos de ignorancia no hablamos de personas que no saben leer ni escribir, hablamos de la inconsciencia de la gravedad de lo que está sucediendo en las comunidades. A no prestar atención a las pequeñas cosas”, expresó Gutiérrez.
Por ese motivo realizó un llamado social a involucrarse en las problemáticas que afectan a la niñez, muchas veces invisibilizadas, especialmente a los jóvenes.
Referentes de otras provincias coincidieron en que el silencio es complicidad. “Aunque no cambiemos el mundo, con ayudar a una persona ya es suficiente”, dijo Susana Ojeda del Foro Córdoba, quien trabajó en la reinserción laboral de mujeres víctimas de explotación sexual.
Por su parte, desde Santo Tomé, Corrientes, indicaron que la trata de personas es una realidad y que dicha localidad es una zona de tránsito por su ubicación estratégica en la frontera.
También desde Misiones señalaron la desaparición de niños, niñas y adolescentes. Consideraron que el Estado tiene responsabilidad.
Lunes, 18 de noviembre de 2013