
Con más declaraciones testimoniales, se concretó la segunda jornada de debate en el Juicio Político a Ramón Ramírez. Para hoy está previsto que las partes realicen sus alegatos. La declaración de una oficial de Policía se destacó por encima de la mediocridad de sus pares.
“¿Por qué terminé en la Justicia si yo lo único que quería era ir al boliche?” preguntó - con una inocencia marcada sobre la piel - Eduardo Lugo, un muchacho de 19 años, a los miembros del Jurado de Enjuiciamiento tras terminar su declaración testimonial. Una aventura, una noche de esparcimiento fue la razón - o la sinrazón según la óptica del joven - para conocer el noveno piso del edificio judicial correntino. Allí, por lejos, brindó la mejor narración de hechos en el debate por el Juicio Político al juez de Instrucción de Saladas, Ramón Francisco Ramírez, acusado de mal desempeño de sus funciones y abuso de autoridad.
Cuatro son los hechos que se le imputan al magistrado. El más grave de ellos es el que habría ocurrido el 12 de mayo de 2012. Según la denuncia, habría proferido frases groseras de alto contenido sexual a tres adolescentes frente al Juzgado de esa localidad, en estado de ebriedad, a las 3:30, tras salir de un boliche y con custodia de dos efectivos de la fuerza vestidos de civil. Siempre de acuerdo a la denuncia, el juez habría agredido a una de las menores involucradas, hecho que culminó con un familiar de las chicas intercambiando insultos con Ramírez y peleando con los policías que, incluso, habrían esgrimido el arma reglamentaria.
Ayer se cumplió el segundo día de debate. Tal como ocurriera en la primera jornada se dieron contradicciones entre testigos que avalaron la posición de Ramírez (el juez dijo que, en realidad, una patota atacó a los policías) y otros que respaldaron las denuncias. Otra vez hubo testimonios de efectivos de la fuerza que dejaron mucho que desear (demasiados “no recuerdo”, “no sabría que contestar”) a excepción de la oficial principal Sonia Barrios.
Lugo, un estudiante secundario que trabaja como mecánico, mostró su preocupación porque la noche en cuestión “se escapó” de su casa - en San Lorenzo - sin el permiso de su madre (todo el tiempo mostró temor por la represalia de su progenitora). Fue hasta Saladas en moto con su novia y se quedaron en la esquina del boliche Mistik. Dijo que no entró al local bailable. Cuando se le consultó si ingirió bebidas alcohólicas la respuesta fue concreta y desopilante: “¿Con qué? si no tenía ni siquiera para pagar la entrada”.
El joven comentó que el juez pasó a su lado, y en forma autoritaria le pidió a la pareja sus documentos pero no los traían consigo. Dijo que dos policías se le acercaron en forma intimidante y prepotente y hubo amenazas de dejarlos detenidos por “averiguación de antecedentes”. “Entonces al señor pelado de bigotito (SIC) que dijo era el juez de Saladas le hablé de pesca y de un montón de cosas, quise hacerme amigo para que me dejara ir. Estaba asustado”, contó.
Entonces, justo frente al juzgado narró que pasó un grupo de dos mujeres y dos hombres “que para mi estaban empedos (SIC)”. Que el juez les dijo “Vayan a dormir” y que la respuesta fue “Que te metés, viejo de mier...” Comentó que ello derivó en un enfrentamiento verbal y en una pelea con los efectivos “que se hicieron los malos con nosotros y ligaron una paliza”. El dato más significativo es que dijo no escuchar que el magistrado haya realizado alguna insinuación sexual a las mujeres.
El otro testimonio representativo fue el de la oficial Barrios, quien testimonió en otra de las denuncias contra Ramírez. En este caso dijo que el juez se presentó en la comisaría de Saladas el 16 de junio de 2012 y preguntó por el subcomisario Héctor Galarza, quien estaba a cargo del turno en ese destacamento.
Barrios dijo que Galarza se estaba higienizando y que, por esa razón, ella lo atendió por ser la de mayor rango.
Aseguró que el juez estaba alcoholizado y que en varios momentos intentó abrazarla. Dijo que le exigió en forma impertinente que le asignara un efectivo para que lo acompañe. Barrios entonces dijo que le solicitó que le informase para que necesitaba un policía porque la dotación era mínima (sólo estaban tres uniformados). Apuntó que el magistrado respondió: “Eso a vos no te importa. Todos trabajan (por los policías) para mí. Además, me deben muchos favores”. Agregó que, entonces, levantó la mano pero no supo si era para golpearla o acariciarla y que ante ese movimiento debió destinar a un cabo para la requisitoria. Pero agregó otra frase: “No se qué favores les deben los policías”.
Para hoy, a las 9:30, están previstos los alegatos.
Miércoles, 20 de marzo de 2013