
A pesar de que el Municipio los obligó a retirarse en varias oportunidades, tres indigentes, a quien también entregaron una casilla, siguen viviendo en pésimas condiciones en el lugar.
Los vecinos que habitan en los alrededores ya no saben qué hacer. Una familia de indigentes se instaló desde fines del 2011 en la plaza La Cruz y a pesar de que en varias oportunidades la Guardia Urbana del Municipio capitalino los obligó a irse siguen con la actitud de quedarse y continuar viviendo en pésimas condiciones de higiene.
El humilde grupo familiar, integrado por Alberto Castillo de unos 59 años, su mujer y el hijo de ésta, ambos con problemas psicológicos y de discapacidad, habrían indicado en su momento que quedaron en la calle luego de que un incendio devoró su precario hogar en el que habitaban en el barrio Juan de Vera. Sin embargo, tras cuatro meses habitando en la plaza, el Municipio les entregó en enero del 2012 una pequeña casilla de madera en el barrio Pirayuí, donde permanecieron sólo algunos meses y regresaron al paseo público.
“Evidentemente les gusta vivir así nomás, en forma salvaje, porque muchas veces nos acercamos a ofrecerle un techo pero no quieren, la mujer te grita o te trata mal, no se puede hablar con ella”, dijo a época una joven frentista a la plaza.
Por su parte, desde un comercio ubicado también frente al espacio verde indicaron que “hace un tiempo se habían ido, luego volvieron, los echan y vuelven a venir y así”.
Además agregaron que “hay personas que los ayudan, que incluso le traen comida y ropas, por algo tienen todo eso que tienen ahí pero también hay otra gente que no está de acuerdo con que sigan ocupando el lugar y destruyendo la plaza”.
Bolsas plásticas, palos y todo tipo de elementos en desuso otra vez inundan el paisaje de la plaza, esta vez hacia la esquina de Buenos Aires y Belgrano.
Jueves, 3 de octubre de 2013