
Ayer a la mañana despidieron los restos de Ezequiel Riquelme en el cementerio San Juan Bautista. Los padres organizan una marcha en reclamo de justicia que podría realizarse el lunes.
Con profundo dolor familiares, vecinos y amigos despidieron los restos de Ezequiel Riquelme, el menor de 14 años que murió de un disparo en el cuello ejecutado por un policía que intentaba detenerlo por considerarlo sospechoso de un robo ocurrido en la zona del barrio Pío X.
El entierro se realizó ayer a la mañana alrededor de las 10. Tres colectivos llevaron a sus compañeros de colegio a darle el último adiós. El chico asistía a la escuela polimodal Olga Cossenttini ubicada en el barrio Alta Gracia, donde era muy querido por sus profesores. El próximo 14 de septiembre cumpliría 15 años.
Antes de cerrar el cajón se celebró una misa en la que se rezó por su eterno descanso. Luego una larga cola de vehículos acompañó a los padres de Ezequiel en su recorrido al cementerio San Juan Bautista. Mientras trasladaban el ataúd hasta el nicho, los presentes realizaron un aplauso pidiendo justicia.
Esther De los Santos, la mamá de Ezequiel, dijo a los medios nacionales que “los policías se equivocaron. Hay vecinos que vieron cómo le dispararon y lo mataron como a un animal. Se estaba desangrando y lo tiraron como una bolsa a la camioneta”.
“Todo esto es muy triste y doloroso, quiero que se haga cargo el infeliz que mató a mi hijo. El era un chico joven y no se merecía eso. Ninguna autoridad vino y no me explicaron cuál fue el motivo para que lo hayan matado de esa forma”, se lamentó la madre del menor ejecutado por un efectivo, que según trascendió se desempeña en la Comisaría Décimo Segunda y hace cinco años que es miembro de la fuerza.
Por su parte, Enrique Riquelme, tío de la víctima, manifestó que “me cuesta entender tanta injusticia. Lo mataron por inoperancia, porque nadie puede entender cómo alguien puede matar a un chico de 14 años absolutamente indefenso”.
“El dolor es muy grande y no se puede aceptar. Yo estuve con los médicos que le hicieron la autopsia y me contaron que los perdigones le desgarraron toda la cara, los vasos sanguíneos, a esa distancia es un asesinato”, dijo.
“El chico no tenía nada, no tenía un cuchillo, ni intentó defenderse. Todos saben cómo tenían que actuar: lo tenían que arrestar, llamar a los padres y llevarlo a una comisaría, y en todo caso los padres iban a darle ‘un chirlo’, lo que sea, pero no destruir una vida. Acá no mataron a un delincuente que robó un banco, mataron a un pibe”, insistió.
Jueves, 9 de septiembre de 2010